Por qué las parejas siempre pelean por lo mismo, según terapia

Por: Mtro. Ulises Zamora

"Las parejas no suelen quedarse atrapadas por un problema. Se quedan atrapadas por la forma en que intentan resolverlo."

Existen en las parejas algunas discusiones que pueden comenzar por una pequeña situación actual y terminan recordando experiencias de hace cinco años. Otras empiezan porque alguien llegó tarde y sin saber exactamente cómo ocurrió, terminan cuestionando toda la relación.

Cuando finalmente pasa la discusión, ambos tienen la sensación de haber hablado mucho, pero de no haberse entendido lo suficiente.

Si alguna vez te ha pasado, probablemente hayas pensado lo mismo que muchas personas: "Siempre peleamos por lo mismo." Pero tal vez esta no sea la pregunta más importante. Tal vez la pregunta sea otra: ¿Realmente discuten por lo mismo o siempre terminan atrapados en la misma forma de discutir?

Durante mucho tiempo hemos aprendido a pensar que los problemas de pareja aparecen porque dos personas tienen personalidades incompatibles, necesidades distintas o formas opuestas de ver la vida. Sin embargo, la experiencia en Terapia de Pareja suele mostrar algo diferente.

Con frecuencia, el problema no es únicamente el tema de la discusión. Es el patrón que poco a poco la pareja ha ido construyendo.

Imaginemos una escena común: una persona insiste que necesita sentirse escuchada. La otra guarda silencio porque teme que la conversación termine en una pelea. Mientras una interpreta el silencio como indiferencia, la otra vive la insistencia como presión. Es ahí donde ocurre algo curioso: cuanto más insiste uno, más se aleja el otro. Y cuanto más se aleja, más fuerte intenta hacerse escuchar quien persigue. "En ocasiones, los intentos que hacemos para solucionar un problema terminan manteniendo o incluso agravando el mismo problema" (Watzlawick, Weakland, & Fisch, 2012).

Ninguno busca dañar la relación, los dos intentan protegerla. Sólo que sin darse cuenta, ambos alimentan el mismo círculo. Por eso muchas parejas tienen la sensación de estar discutiendo por asuntos distintos cuando, en realidad, llevan tiempo enfrentándose al mismo patrón.

No significa que el conflicto sea deseable ni que todo pueda justificarse. Existen formas de discutir que deterioran profundamente una relación, especialmente cuando aparecen la descalificación, la intimidación o cualquier forma de violencia.

Sin embargo, también conviene cuestionar otra idea muy extendida: creer que una buena relación es aquella donde nunca existen desacuerdos. Las diferencias serán inevitables, pero lo valioso será la manera en que las personas buscan volver a encontrarse después de ellas, asumiendo responsabilidad afectiva respecto al otro.

Tal vez una relación sana no sea aquella donde nunca aparecen conflictos, sino aquella donde ambas partes pueden sentirse seguras, escuchadas y respetadas a pesar de las diferencias (Gottman & Silver, 2012).

La próxima vez que una discusión parezca repetirse, antes de preguntarte quién tiene la razón, vale la pena detenerse un momento y hacerse otra pregunta: ¿Qué estamos haciendo los dos que hace que esta misma discusión vuelva una y otra vez? En ocasiones, cambiar el problema comienza por cambiar la manera de mirarlo.

Referencias:
Gottman, J. M., & Silver, N. (2012). Siete reglas de oro para vivir en pareja: Un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia.
Watzlawick, P., Weakland, J. H., & Fisch, R. (2012). Cambio: Formación y solución de los problemas humanos. Herder.